Era la ilusión, era el sueño de vivirlo, de la meta… pero
estaba equivocada, no equivocada por ilusionarme, sino equivocada por creerlo
meta. La ilusión me alimentó en sus días, me dio la chispa y la vida… pero
hacerlo meta me hizo nublarme y quizás no capté todo lo que podría haberme
dado. Caminó conmigo, descalzo, durante un tramo, pero él tenía su tren, tenía
su camino, echó a volar.
Y me dejó su enseñanza, no sé si él lo sabrá, pero aprendí,
crecí… reí y lloré, sentí y me permití vivir. Siempre lo querré a mi manera.
Y no me arrepiento, ni de haberme ilusionado ni de venir
ahora a corazón abierto, desde el suelo a reconstruirme… porque al final la
vida es a pico y pala, el camino son picos y valles.
Mi camino continua, mi camino avanza sin meta clara, no sé cual será el destino, pero me espera el cielo... Yo no quiero picos, no quiero llegar a la cima. El valle tranquilo me permite nadar. No sé que me depara la vida, pero seré feliz.
Solo espero, que el en su tren, también lo sea. Que me perdone el daño que sin quererlo quizás hice, que me perdone los miedos y la carga de mis otras vidas. Que me perdone el llanto y tenga la certeza de que despertó mi camino, de que despertó mi inicio. Que no fue meta sino despegue. Él se vio, sin quererlo, propulsor de mi vuelo.
Ahora, soy otra... no se quién, tampoco importa, prefiero quedarme indefinida, voluble, prefiero ser río que avanza sin saber que mar me depara, a ser roca que permanece, en su terreno y con su nombre. Prefiero nadar, prefiero volar.
Y mil años más tarde, reencontrarnos y darle las gracias.
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