miércoles, 24 de agosto de 2016

Los zapatos

Los zapatos de brillantes no son los más adecuados para caminar por la montaña, el barro siempre está presente en la ruta, en algún momento llena tus pies... Pero parecía venirme impuesto... no recuerdo en qué momento me calcé los zapatos de brillantes, durante mucho tiempo crecieron conmigo, hasta que un día se me quedaron pequeños.

No podía deshacerme de ellos,  eran mis zapatos de brillantes... sin ellos no podía caminar.

A veces los cambiaba un rato por las botas,  avanzaba veloz en el camino, las piernas Fuertes se me cansaban y el pie encerrado me dolía,  pero no entraba barro. Fijaba la vista en el camino segura de que mis botas Fuertes me protegerán de todo.

Pero al final, el dolor de piernas me obligaba a volver a calzarme mis pequeños zapatos de brillantes.

Y un día, a mitad del camino, descubro que ya no quiero ser una princesa, que no me quedan bien los zapatos de brillantes. Que no quiero ser dura, que las botas son demasiado cerradas  para mí. Prefiero caminar descalza, sin ser princesa ni guerrera, sin ser payasa, ni estrella, sin ser niña ni mujer... caminar descalza y nadar río arriba, por mi propio camino, mi propia ruta... Ahora que los manantiales me ayudan a llorar... ahora que el camino me han enseñado a bailar.

El camino toma otra dirección, no se què cambios depara ni a donde me lleva, pero camino descalza. Mas YO, Más bonita y menos ciega.

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