Sumergirte a veces no es bueno... sobretodo si no es agua, si son miedos... adentrarte en cuevas que no existen, buscando dragones que son leyendas, fantasias inventadas, aún sabiendo que sólo hay que pensar en algo, para que suceda... y hay días en los que no tienes muy claro el color del cielo, ni el olor de las nubes... en los que te supera la vida, casa y hogar... cotidianidad y divinidad... y en pocos kilómetros se concentra de pronto tu mundo... y te sumerges en el miedo de romperlo... de hacer añicos todo lo que te importa... de dejar sin piedras preciosas la cueva, la montaña, la sierra...
Y tú, que últimamente eras montañera con cierta experiencia... que habías llegado a verte alta y bonita... te miras de nuevo pequeña y fea... y no te encuentras en el espejo... ni siquiera sabes donde ha ido a parar esa antigua "yo" que planeaba sin abrir las alas...tú, que ya habías alzado el vuelo...
Pero en las cuevas hay sombra... y siempre viene bien parar a descansar, reponer fuerzas... verse un poco fea para después brillar...
Esperar el próximo brillo del sol, la próxima luna llena, el próximo manantial... y recordar que tienes alas de montañera, que paso a paso, subes, caminas y que igual que las anteriores, acabarás saliendo de esta cueva y dejándola por siempre atrás.
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