miércoles, 3 de agosto de 2016

El nacimiento del río

Nunca me permití caer, nunca dejar de ser fuerte, nunca estar por debajo de las expectativas. Nunca de menos... siempre por encima... ¿De quien?.... no sabía...

Pero ella me lo dijo un día... por encima de mi misma... por encima de mis sentimientos y mis ganas de llorar... no eran escaleras lo que construía si no muros que me partían en mitades. Y aquí estoy aprendiendo a llorar, a suspender, a no poder más y a no sentirme culpable de ser humana. Aprendiendo a conectar y a reconocerme y solo así se me han abierto las puertas de lo divino.

Por eso con ellos rompo a llorar como hacía años no podía, por eso no son lagrimas solitarias a las que les cuesta salir, por eso con ellos me tiembla el labio y me hago río... porque me han enseñado a llorar.

Los muros no son montañas, las montañas cuesta subirlas... pero se consigue... los muros nos rompen en dos, son fronteras, nos dividen... y somos incapaces de atravesarlos... hay que romper con ellos de golpe, permitir que el agua erosione la roca, que la parta en dos... que se destruya, que fluya.

Y ahora, empiezo a erosionar, a sentir, a acercarme a mi misma, a reencontrarme con el lado más allá del muro, con el llanto, con el placer, con la libertad. Y rota, erosionada, en construcción, comienza mi camino.

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