sábado, 6 de agosto de 2016

El manantial.

Abro los ojos y veo su silueta, de espaldas a mi... intuyo que remolonea, pero no está dormida... igual que no lo estoy yo, del todo, desde que él se fue. En silencio pienso, ayer me daba la mano me besaba los nudillos, me calmaba... como nadie me calma... porque nadie me entiende como ella... y menos mal.

Me mira, nos sonreímos y charlamos... sus ojos me dicen que todo sigue bien... que cuanto más conecto con él, más me quiere ella, a pesar de que nuestra forma de conectar sea a través de la piel. Y con su tranquilidad, me siento crecer.

Ella dice que la miré, por primera vez, como si la reconociese... yo sé que la sentí y supe que nunca más debía separarme de ella... y lo que a veces, sin saberlo, la he echado de menos... lo que he añorado que apareciese... hasta que lo hizo por fin. La conocí entre montañas, ella es el pico nevado, la cima tranquila, la claridad.

Estamos en el colchón del sótano, viendo el tour... él duerme... y de vez en cuando nos pregunta qué cuchicheamos... su ordenador, mi móvil... nos reimos juntas... nunca pude hacer esto con nadie... pero ella... con ella puedo hacerlo todo y no pasa nada. Coincidimos en decir que creíamos que eso jamás podríamos hacerlo con otra persona, comentarlo así... y me dan ganas de abrazarla... Y la quiero más aún, por todo lo que podemos compartir, por todo lo que me enseña... por ser agua clara.


Me hacen valiente, cuando me dicen que siempre estarán aquí, para lo que necesite. Me hacen grande, cuando me dicen que vuelva... soy afortunada, cuando lloramos juntas al partir. Con ellos el llanto fluye, la risa fluye, las palabras empiezan a fluir también... con ellos soy yo, al natural, mi alma vieja sin barreras... y llevan un pico con el que ayudarme a romper mis muros.


¿Qué son? Mis hermanos... Los hermanos no hacen esas cosas... Los míos sí. Le digo a quien me pregunta, sorprendida, que todo vaya bien... que todo sea como lo cuento... Pero es que querida, ellos son geniales... y lo divino, es inexplicable. No puedo ponerle palabras a lo que siento cuando juntas estamos en su pecho, cuando ella lo mira infinito, viendole el alma, cuando él me besa, cuando me duermo agarrada al pelo de su pecho, cuando los oigo quererse... cuando lo veo mirarla y me emociono... porque el amor del mundo se condensa en su mirada... cuando me emociono al oir hablar al uno del otro.

Me dieron la esperanza, me enseñaron a bailar y a llorar... a sentir, a perdonarme, a permitirme, a expresar, a quererme... a ser valiente... a poder.

Y los echo de menos, echo de menos las baldosas doradas en las  que mi ruta se convierte los instantes que caminan a mi lado... los días que nos damos la mano al andar. La naturaleza de la que me rodeo cuando lo hablamos todo, cuando todo está bien, cuando no pasa nada y rozamos lo divino, cuando nos reencontramos después de siglos atrás.

Son el arcoiris, son la magia de la aurora boreal, son tormenta de verano, son estrellas fugaces y puesta de sol. Son la belleza de la naturaleza... que no sabe lo que provoca en los ojos que la mira... que no saben lo que provocan en el alma que tocan.

Son los altos en el camino, el agua del manantial, el aire que respirar para seguir caminando... la esperanza de saber que podrás, porque el camino va de manantial en manantial, para reponer, para vivir, para descansar.

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